El vivir con una condición crónica a largo plazo, como la EII, puede ser complicado en muchos aspectos. Para algunas personas, esto también puede significar un impacto importante en el bienestar mental, que puede ser expresado en forma de estrés, ansiedad o depresión; e incluso llegar a afectar la forma en la que se perciben a sí mismos.

Existen un gran número de estudios sobre EII y los problemas psicológicos, teniendo diversas conclusiones al respecto. Algunos estudios han mostrado que la depresión y la ansiedad es significativamente mayor en las personas con EII que entre las personas que no padecen esta condición.

Aún cuando está totalmente claro que ni el estrés ni otros desórdenes emocionales causan la enfermedad como tal, sí es muy probable que puedan actuar como catalizadores de la exacerbación de los síntomas. Esto puede explicar porque muchas personas reportan tener una recaída durante periodos de estrés o cuando se presenta algún conflicto emocional.

El efecto que tiene la EII en la mente varía enormemente de persona a persona, cada quien responde a las condiciones físicas de forma diferente. Algunas personas pueden manejar una enfermedad severa sin necesariamente tener una reacción emocional, mientras que otros individuos experimentan estrés emocional cuando desarrollan alguna condición crónica como la EII.

Los siguientes son ejemplos de posibles respuestas emocionales relacionadas con la enfermedad:

  • Depresión
  • Ansiedad
  • Estrés
  • Negación
  • Miedo
  • Malestar

Algunas personas reportan que entre más ansiedad sientan en relación a su necesidad de un baño, más probabilidad hay de que realmente lo necesiten.

Si estos pensamientos empiezan a tener un efecto en su vida diaria, su calidad de vida, o si siente que están exacerbando sus síntomas, entonces debe de considerar conocer nuevas formas para ayudarlo a manejar esta situación.

Desde el tratamiento psicológico basado en la evidencia científica, se planifican las acciones más indicadas para que el paciente consiga:

  • Adaptarse mejor a las consecuencias de la enfermedad.
  • Aceptar las molestias y limitaciones que la enfermedad conlleva.
  • Afrontar las demandas de la enfermedad, por el estrés que la propia enfermedad produce.
  • Disminuir el miedo, la ansiedad, depresión y otras emociones negativas.
  • Reducir el dolor y otros síntomas propios de la enfermedad.
  • Aprender cómo comunicarse con la familia, los amigos, su pareja o los compañeros de trabajo, acerca de lo que le pasa.

Esto lo debe de hacer con ayuda de profesionales, y su médico experto en EII seguramente lo podrá ayudar con algunas recomendaciones.

¿Cuáles son algunas de las opciones?

  • Psicoterapia
  • Terapia Cognitva-conductual
  • Terapia Humanista
  • Terapia de Grupo

Psicoterapia

Es un tipo de terapia usado para tratar, entre otras cosas, problemas emocionales y condiciones de salud mental. Involucra platicar con un terapeuta certificado, ya sea en sesiones uno a uno, en grupo, o en conjunto con su pareja. Le va a ayudar a analizar sus problemas y preocupaciones, y manejar hábitos y una gran variedad de desórdenes emocionales y mentales, como pueden ser la depresión, el estrés, procesos de duelo, ansiedad, entre muchas otros.

Terapia Cognitiva-conductual

Ayuda a entender la relación entre los pensamientos, sentimientos y comportamiento. Le permite manejar sus problemas al ayudarlo a cambiar la forma en la que piensa y se comporta.

Se recomienda para situaciones de:

  • Depresión
  • Ansiedad
  • Desórdenes de pánico
  • Desórdenes obsesivo-compulsivos
  • Desórdenes de estrés post-traumático
  • Enfermedades crónicas
  • Desórdenes de la alimentación

Terapia Humanista.

Incorpora el cuerpo, la mente, emociones, comportamiento y espiritualidad. Motiva a pensar sobre sus pensamientos y sentimientos, y a tomar responsabilidad de sus acciones.

Terapia de Grupo.

Busca ayudar a encontrar soluciones a sus problemas al discutirlos en un ambiente de grupo. Las sesiones son guiadas por un facilitador que dirige el flujo de la conversación.

Referencias